ángeles en la nieve

Mi ex, una mujer a la que en otro tiempo quise y con la que estuve dispuesto a pasar el resto de mi vida, resultó ser una sociópata y una asesina. Manipuló a un chico criado entre algodones, casi indefenso. Lo arrastró al asesinato y al suicidio, lo destrozó; supongo que no se lo pensaría más de lo que se plantearía pisar una cucaracha. Quizá Heli, al morir quemada en el hielo, recibió su merecido. No lo sé.

Valtteri era un buen hombre que creía que su fe los protegería, a su familia y a él. Lo que Dios no pudo hacer, intentó lograrlo él mismo, y encubrió un asesinato para proteger a su hijo. Su fe hecha a?icos y su propio fracaso le llevaron a asesinar a Heli, una atrocidad que, una semana antes, le habría resultado inimaginable. Su viuda y los siete hijos que le quedan estarán pasando la Navidad llorando su pérdida y la de Heikki; sin duda, estarán perplejos, sumidos en el dolor, el shock y la incredulidad. La viuda de Abdi, Hudow, debe de estar pasando por lo mismo.

He descuidado a mi esposa, he puesto en peligro mi matrimonio, casi dejo a mis hijos sin padre por lo que consideraba que era la búsqueda de la justicia. En vez de la justicia, he encontrado la verdad, y es una sustituta poco reconfortante. Ahora no sé qué es lo que buscaba. Me siento como si les hubiera fallado a todos, como si me hubiera fallado a mí mismo. No he salvado a nadie. Y sin embargo, me van a condecorar por mi valor, me considerarán un héroe y me ascenderán si lo deseo. Quizá no exista la justicia.

Pero hay otras cosas. Miro alrededor y veo todo por lo que tengo que dar gracias. Mi familia está conmigo. Mi mujer me quiere y me rodea con sus brazos. Y en su interior crecen nuestros hijos.

Levanto la vista. Me duele, pero, aun así, sonrío.

—Feliz Navidad, Kate.





Agradecimientos


Muchas son las personas que, con su apoyo, sus comentarios y sus críticas, han contribuido a mi trabajo, y todos ellos cuentan con mi sincera gratitud. No obstante, hay cuatro personas que han dedicado cientos de horas de su tiempo, de su energía y de su buen hacer a ayudarme a evolucionar como escritor a lo largo de los a?os: dos críticos literarios de la Universidad de Helsinki, la doctora Nely Kein?nen y el doctor Phillips Brooks; y también el brillante escritor Joel Kuntonen y el brillante lector Juha Tupasela.

Gracias. Vuestra generosidad es conmovedora y una lección de humildad. A vosotros va dedicada esta novela.

Y, como siempre, a mi esposa, Annukka.