El coleccionista



El propietario de la cafetería le ha guardado el puesto de trabajo a Emma. Ella no quería volver a trabajar allí, pero necesitaba el dinero y de todos modos tiene que matar el tiempo de algún modo antes de ingresar en la academia de policía. Hasta entonces nunca se había planteado la posibilidad de convertirse en poli, pero ahora es lo único que quiere. Ha dejado la universidad, ha enviado la solicitud correspondiente para ingresar en el cuerpo de policía y ahora solo le queda esperar. Tal vez sea cosa de seis meses, tal vez tres a?os. Esperemos que la acepten. Esperemos que tenga la fuerza necesaria para superar los meses de entrenamiento y esperemos que la destinen a Christchurch para que pueda estar cerca de esa familia que tanto la quiere. A pesar de todo lo que le ha sucedido, le encanta esta ciudad y quiere dedicar su vida a protegerla. Quiere asegurarse de que las demás chicas como ella no tienen que pasar por algo como lo que Cooper Riley le hizo pasar a ella. No sabe si dentro de unos meses habrá cambiado de opinión, si verá de otro modo lo que le ocurrió hace dos semanas y en lugar de querer convertirse en poli lo que querrá será encerrarse en su habitación durante el resto de su vida. Sus padres no la apoyan en la decisión que ha tomado, quieren que continúe estudiando. Le dicen que ser policía es demasiado peligroso. Ella responde que es igual de peligroso que estudiar o trabajar en una cafetería.

El anciano que ella creyó muerto la noche en la que la secuestraron está sentado frente a la mesa más cercana al mostrador. Está tomando un café y un bollo mientras resuelve crucigramas. él no la ha reconocido, no la ha relacionado con lo que le pasó aquella noche. ?Dios, qué ganas había tenido Emma de echarse a gritar en cuanto lo había visto entrar! También le apetecía escupirle dentro del café, pero se había limitado a sonreír, cobrarle la consumición y servirle el pedido en cuanto lo ha tenido listo.

No puede negar que en parte le gustaría seguirlo hasta el aparcamiento cuando haya terminado, para que la gente se lo encuentre muerto ma?ana por la ma?ana frente al volante del coche. Eso es lo que haría Melissa X.

El anciano se da cuenta de que Emma lo mira y levanta la cabeza para sonreírle.

—Es el mejor café de la ciudad —comenta él.

Ella le devuelve la sonrisa.

—Me alegro de oír eso —dice ella.

El tipo vuelve a concentrarse en su crucigrama. Emma piensa en Adrian Loaner, en lo que sintió al clavarle el imperdible en el ojo. Si se lo hubieran preguntado hace un mes, habría dicho que era incapaz de hacer algo así, fueran cuales fuesen las circunstancias. Tampoco se le habría ocurrido seguir a un cliente hasta el aparcamiento y estrangularlo.

La gente cambia. Algunos a mejor, otros a peor. Después de contribuir al asesinato de dos hombres, ya no sabe en cuál de las dos categorías está.

Piensa en Cooper Riley, tendido en el suelo, ahogado por el disparo de la Taser. Ella quería que muriera. Deseaba desesperadamente que muriera y aunque eso fue lo que acabó sucediendo, se alegra de no haberlo matado con sus propias manos. Sintió cierto alivio en ese aspecto. Se suicidó y con eso la liberó de cualquier sentimiento de culpa, aunque no está segura de si realmente habría llegado a sentirse culpable. Si hubiera sobrevivido, podría haberle hecho da?o a más gente. Hoy no, ni la semana que viene, pero sin duda alguna habría vuelto a hacerle da?o a alguien dentro de quince a?os, cuando hubiera salido de la cárcel.

Theodore Tate se aseguró de que eso no sucediera.

Al menos eso es lo que ella cree que sucedió.

Theodore Tate. Sigue odiándolo por lo que hizo el a?o pasado. Pero eso está cambiando. Emma ha oído que Tate quiere volver a ingresar en el cuerpo de policía y espera llegar a trabajar con él algún día. Sabe que él puede ense?arle cosas sobre el mundo que no aprenderá en el cuerpo, cosas que pueden convertirla en una poli mejor. Cosas que podrá hacer para ayudar mejor y a más gente.

Como quitar tubos de plástico de las gargantas de los malos.

De acuerdo, no está segura de que pueda llegar a hacerlo, del mismo modo que no está segura de lo que sucedió realmente en esa habitación en cuanto hubo salido de ella.

Al día siguiente encontraron nueve cadáveres en la granja. Todos eran hombres que habían desaparecido durante los últimos a?os, muertos a manos de dos hermanos que a su vez murieron a manos del hombre al que ella le clavó el imperdible.

Sí, no tiene ninguna duda de que quiere ser poli. Quiere librar al mundo de ese tipo de gente.

El anciano termina el crucigrama y la saluda mientras sale por la puerta. Ella se acerca a la mesa en la que estaba sentado y recoge el periódico que se ha dejado. Lo dobla por la portada. Hay un retrato robot de Melissa X, el mismo que han estado mostrando durante el último a?o, aunque ahora a?aden su nombre real y una fotografía de cuando estaba en la universidad. Natalie Flowers.