El Código Enigma

Hay en CRIPTONOMICóN un tono que exige la atención del lector inteligente (y no me refiero a la presencia esporádica de algunas fórmulas matemáticas que, según se dice, habrían molestado y mucho al editor de Stephen Hawking). Se trata de una complicidad muy especial a la que se presta el personal estilo narrativo de Stephenson, un cuidadoso respeto hacia la capacidad e inteligencia del lector. Me gustaría creer que se trata precisamente de la esencia de la mejor ciencia ficción ya que, aunque NOVA es una colección editorial habitualmente dedicada a la ciencia ficción, no se me oculta que muchos lectores podrían preguntarse qué hay de ciencia ficción en una novela como CRIPTONOMICóN.

 

La mejor respuesta la ofrece el mismo autor. En una entrevista de LOCUS (agosto 1999) Stephenson decía: ?Existe una particular forma de abordar el mundo típica de la ciencia ficción que no tiene nada que ver con el futuro. Ni siquiera ha de estar en el futuro. De ni?o, yo leía antologías de relatos de ciencia ficción: podían tener diez relatos sobre cohetes espaciales y pistolas de rayos y, después, encontraba algún extra?o relato de Robert Bloch que ocurría en alguna ciudad durante los a?os cincuenta, sin elementos de ciencia ni el contenido tradicional de la ciencia ficción pero que, en la mente del lector, era claramente ciencia ficción. Partía de ese enfoque de la ciencia ficción: el convencimiento de que las cosas podrían haber sido diferentes; que éste es uno de los muchos mundos posibles; que, si vienes a este mundo desde otro planeta, éste sería un mundo de ciencia ficción.?

 

ésa es la idea. Incluso hoy, la informática y la matemática subyacente son, para muchos, un mundo de ciencia ficción. Un mundo del que tal vez se extraen resultados pero del que no se conocen las reglas ni los funcionamientos internos. El saber popular (sea eso lo que sea) quiere que los matemáticos, al igual que los hackers, sean personas extra?as, preocupadas por temas que al común de los mortales resultan un tanto esotéricos y más bien misteriosos pese a los resultados tangibles que de ellos se obtienen.

 

Describirnos ese mundo y su intrínseca humanidad es u?o de los mayores logros de Stephenson en una novela de gran amenidad, larga y repleta de anécdotas que, al mismo tiempo, puede recordar a algunos ese ingenuo ?instruir deleitando? que el doctor Miguel Masriera consideraba casi como definitorio de la ciencia ficción que él elegía para la colección Nebulae allá por los a?os cincuenta y sesenta. A través de los ejercicios mentales de Lawrence y Randy, el lector penetra en los arcanos de la criptografía y del comportamiento de los hackers y, ?milagro!, todo resulta comprensible: cómo cifrar un mensaje, cómo ?romper? los códigos enemigos, cómo usar el software moderno, y un largo, larguísimo etcétera.

 

En realidad, por si alguien lo dudaba, además de esa forma ?ciencia ficcionística? de abordar el mundo de que habla Stephenson, hay más elementos de ciencia ficción en CRIPTONOMICóN: una especie de mundo paralelo en el que se llama ?nipones? a los japoneses, en el que existe un curioso sultanato en Kinakuta, en el que un sistema operativo como Linux se llama Finux (recordando tal vez el origen finlandés de su creador), o en el que Gran Breta?a cuenta con una isla llamada Qwghlm impregnada de curioso tipismo. Y ésos son sólo algunos de los elementos que podrían caracterizar ese ?mundo paralelo? que, a fuerza de paralelismos, se confunde fácilmente con el nuestro gracias a que en ambos existieron tanto Turing, como la máquina Enigma, el Colosus o el general MacArthur…

 

Debo comentar brevemente algunos aspectos de nuestra edición. El original estadounidense se publicó en 1999 en un solo volumen, algo que en Europa no parece resultar conveniente cuando se obtienen libros de más de mil páginas. El editor francés, por ejemplo, decidió cortar el libro en tres partes (precisamente en las páginas 320 y 620 del original) e inventar títulos parciales: ?El código Enigma?, ?La red Kinakuta? y ?Gólgota? que se ofrecieron con varios meses de diferencia al público lector (octubre 2000, abril 2001 y septiembre 2001).

 

Ante la escasa conveniencia de que nuestra edición se presentara en un único volumen, hemos decidido seguir el ejemplo francés y repetir lo que ya hiciéramos en el lejano 1990 con CYTEEN de C. J. Cherryh, publicada en tres volúmenes (números 30, 31 y 32 de NOVA). Para ?cortar? CRIPTONOMICóN hemos utilizado el mismo criterio que el editor francés (páginas 320 y 620 de las 918 del original estadounidense), pero hemos elegido otros subtítulos para cada parte. Creo que nuestra solución refleja mucho más claramente el tema criptográfico que anuncia el mismo original CRIPTONOMICóN. Por eso, de acuerdo con el esforzado y brillante traductor, el físico e informático Pedro Jorge Romero, hemos utilizado como subtítulos diversos códigos de los varios que aparecen en la novela. Así, en Espa?a, los títulos completos serán: CRIPTONOMICóN I: EL CóDIGO ENIGMA (NOVA ciencia ficción, número 148, previsto para marzo de 2002), CRIPTONOMICóN II: EL CóDIGO PONTIFEX (NOVA ciencia ficción, número 151, previsto para mayo de 2002), CRIPTONOMICóN III: EL CóDIGO ARETUSA (NOVA ciencia ficción, número 153, previsto para julio de 2002).

 

Finalizaré recordando una vez más que, en los escasos a?os transcurridos desde su aparición en Estados Unidos, CRIPTONOMICóN parece haberse convertido en un libro de culto sobre el mundo hacker. Es algo parecido a lo que, en su campo, le ocurrió a EL SE?OR DE LOS ANILLOS de Tolkien. Y la comparación no es inútil ni ociosa: con una amena prosa cargada del humor más irónico, el CRIPTONOMICóN de Stephenson resulta ser a la criptografía y la narrativa ciberpunk lo que El SE?OR DE LOS ANILLOS de Tolkien a la magia y la fantasía.

 

?Exageración? Sinceramente, no creo que lo sea. En cualquier caso, son ustedes quienes han de juzgar.

 

Pisen y vean.

 

La satisfacción está garantizada.

 

MlQUEL BARCELó

 

Para S. Town Stephenson,

 

que hacia volar cometas

 

desde los buques de guerra

 

 

 

 

 

Agradecimientos

 

 

Bruce Schneir inventó Solitario, me permitió amablemente emplearlo en esta novela y redactó el apéndice. Ian Goldberg escribió la versión en Perl que aparece en el segundo volumen.

 

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