El lado bueno de las cosas

Paro aquí porque tengo problemas para que las palabras me salgan de la boca.

—Y miré con los ojos entreabiertos para intentar ver la cara de Nikki, e incluso a una manzana de allí podría decir que estaba sonriendo todo el tiempo, que estaba contenta, y de alguna forma eso fue suficiente para mí, para finalizar oficialmente el período de separación y pasar los créditos de mi película sin siquiera enfrentarme a Nikki; simplemente le pedí a Jake que me llevara de nuevo a New Jersey, algo que hizo porque probablemente es el mejor hermano del mundo entero. Por eso supongo que solo quiero que Nikki sea feliz, incluso si su vida feliz no me incluye a mí, porque tuve mi oportunidad y no fui un marido muy bueno y Nikki era una esposa fantástica, y…

Tengo que parar de nuevo. Trago varias veces.

—Y voy a recordar esa escena como el final feliz de mi vieja película. Nikki teniendo una pelea de bolas de nieve con su familia. Parecía tan feliz con su nuevo marido y sus dos hijos…

Paro de hablar porque no van a salir más palabras. Es como si el aire frío me hubiera congelado la lengua y la garganta, como si el frío estuviera expandiéndose por los pulmones y estuviera congelándome el pecho desde dentro.

Tiffany y yo nos quedamos de pie en el puente durante un largo rato.

A pesar de que tengo la cara entumecida, empiezo a sentir calor en los ojos. De repente, me doy cuenta de que estoy llorando otra vez. Me limpio los ojos y la nariz con la manga del abrigo, y sollozo.

Solo cuando dejo de llorar, Tiffany finalmente habla, aunque no habla sobre Nikki.

—Tengo un regalo de cumplea?os para ti, pero no es gran cosa. Y no lo envolví ni compré una tarjeta o algo, porque, bueno… porque soy tu jodida amiga, la que no compra tarjetas o envuelve regalos. Y sé que ya hace más de un mes, pero en cualquier caso…

Se quita los guantes, se desabrocha algunos botones y saca mi regalo del bolsillo de dentro del abrigo.

Cojo de sus manos un conjunto de diez o más pesadas páginas plastificadas, quizá de unos diez por doce centímetros cada una, sujetas todas por un tornillo de plata en la esquina superior izquierda. En la portada se lee:


TABLA PARA LOS

OBSERVADORES

DE NUBES.

Una tabla fácil de utilizar,

duradera e identificadora

para todos los entusiastas del aire libre.



—Siempre estabas mirando las nubes cuando solíamos ir a correr —dice Tiffany—, por lo que pensé que podría gustarte poder explicar la diferencia entre las distintas formas.

Con emoción, giro la portada hacia arriba de modo que puedo leer la primera y pesada página plastificada. Dice:


El tiempo es un fenómeno fascinante. Sus elementos (lluvia, nieve, humedad y nubes) se producen a más de 16 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra. De estos elementos, el visiblemente más dramático es el de las nubes o ?esencias que flotan en el cielo? como las llamaban antes del a?o 1800…

Después de leerlo todo acerca de ?las cuatro formas básicas de nubes?: cúmulos, cirros, estratos y nimbos; después de ver todas las bonitas fotos que documentan las diferentes variaciones para los cuatro grupos, no sé cómo, Tiffany y yo acabamos tumbados en medio del mismo campo de fútbol en el que solía jugar cuando era un ni?o. Miramos al cielo y hay una capa gris invernal, pero Tiffany dice que tal vez si esperamos lo suficiente, alguna forma se liberará y podremos identificar la nube sola utilizando mi TABLA PARA LOS OBSERVADORES DE NUBES. Permanecemos ahí tumbados sobre el suelo congelado durante mucho tiempo, pero todo lo que vemos en el cielo es una sólida sábana gris que mi nueva TABLA DE NUBES identifica como nimboestrato, o ?una masa de nubes gris de la que cae una extensa y continua lluvia o nieve?.

Después de un rato, la cabeza de Tiffany acaba sobre mi pecho y mis brazos alrededor de sus hombros, por lo que acerco su cuerpo al mío. Temblamos juntos solos en el campo durante lo que parecen ser horas. Cuando empieza a nevar, los copos que caen son enormes y rápidos, casi de inmediato el campo se vuelve blando, y es entonces cuando Tiffany me susurra la cosa más rara; dice:

—Te necesito, Pat Peoples; te necesito tan jodidamente tanto…

Y entonces empieza a llorar lágrimas calientes en mi piel mientras me besa el cuello suavemente y solloza.

Es extra?o oírle decir eso, tanto tiempo alejado de un ?Te quiero? de una mujer normal, y todavía probablemente más cierto. Me siento bien abrazando a Tiffany junto a mí, y recuerdo lo que mi madre me dijo tiempo atrás, cuando intentaba deshacerme de mi amiga al preguntarle si iba a cenar conmigo; mamá me dijo: